SHE BELIEVES CUP: La casa gana.

Cuando se anunció la realización de un torneo en el que participarían cuatro poderosos equipos que lideran el Ranking de la FIFA esperábamos un verdadero duelo de potencias en el que cualquiera de los cuatro podría ganar. En lugar de eso, resultó ser un verdadero circo donde desde la primera jornada nos dimos cuenta que la mesa estaba puesta para que el anfitrión ganara.

Declinar participar en un torneo prestigiado como la Algarve Cup, para acudir a un improvisado Torneo organizado por el campeón del mundo, no debió ser una decisión que les agradara a todas y eso se notó. La mayoría de las jugadoras europeas lucían cansadas, desmotivadas y desconcentradas. Poco que destacar de la última jornada donde Francia e Inglaterra terminaron empatando a cero goles con ligeros destellos en los cuales Francia parecía querer llevarse al menos la satisfacción de un gol. El DT Philippe Bergeroo ni siquiera se molestó en levantarse de su asiento. Las inglesas hicieron lo propio, cumplieron el compromiso y Mark Sampson rotó su banca para que al menos tuvieran algunos minutos, mismos que todas deseaban que terminaran pronto para ya irse a casa.

Y qué decir del partido estelar, el estadio lucía atiborrado de fans apoyando a su equipo que necesitaba una victoria para ganar su Torneo. Silvia Neid varió un poco su XI titular y Jill Ellis mandó a sus mejores elementos al campo. Los primeros minutos Alemania le puso algo de emoción al encuentro con un gol de Anja Mittag, con el que aseguraban el triunfo, luego se acordaron que no venían a eso y el trabajo en conjunto brilló por su ausencia volviendo a la pasividad que pasearon por el campo frente a Inglaterra. No tardó mucho Estados Unidos en empatar; la veloz Ana Blässe puso el freno de mano y dejó pasar a Meghan Klingenberg que con un servicio largo mandó el balón al área donde Alex Morgan sacó la espalda a las centrales de la manera más inocente. Luego cayó el gol de Samantha Mewis, más inocente y tonto que el primero y le dieron “sorpresivamente” la vuelta al marcador; nada difícil ante un rival cuya única preocupación parecía ser encontrar el verdadero motivo para estar allí.

El torneo no permitió ver lo que nos espera en Río (al menos en el caso de Alemania y Francia, ya que Inglaterra no participa) y si es esto lo que veremos en los Juegos Olímpicos ya podemos empezar por apostarle nuestra quincena a quien lo gana todo. Estados Unidos se está caracterizando por organizar torneos donde pueda tener el control de absolutamente todo, hasta de asegurar su triunfo. Los equipos europeos se dieron cuenta de eso, pero ya era demasiado tarde para arrepentirse. La Copa She Believes no fue más que una “mini gira” de la victoria donde las campeonas del mundo se lucieron. Tan ridícula fue, que hasta hubo premios como balón de oro, botín de oro y guante de oro, mismos que también ganaron las anfitrionas, ignorando al resto de las competidoras.

 No se niega que la Federación echó la casa por la ventana en organización y parafernalia, pero olvidaron lo más importante: la seriedad del sentido competitivo del torneo, el brindar los elementos necesarios para que las selecciones europeas se sintieran a gusto mostrando lo mejor de su fútbol como si se jugase un mundial y el profesionalismo con un arbitraje que dejó mucho que desear.

 En verdad espero que este sea el primero y último torneo She Believes. Una verdadera burla de evento.

 Foto|ussocer