Balones que cambian vidas

En el año 2006, Tim Jahnigen se estremeció al ver en las noticias como un grupo de jóvenes en Darfur, Sudán, habían fabricado un balón de futbol con un montón de basura. Trapos, tapas, botellas unidas, todo con tal de jugar. Ahí decidió que podía montar un proyecto que no tuviera límites y que pudiera cambiar vidas alrededor del mundo.

Tim creía que podía regalar balones comunes a niños y niños en situaciones difíciles, pero durarían poco y al final no habría impacto, así que inventó un balón especial que no necesita bombas, no se desinflan, no se ponchan, casi indestructibles. Con el tiempo, su proyecto iba más allá de distribuir balones, pues se dispuso a entregarlos en zonas realmente marginadas, ciudades azotadas por guerras civiles, fenómenos climáticos, a niñas y niños usados como esclavos sexuales, comunidades de escasos recursos, dándoles un instrumento que podía servirles por mucho tiempo y que sin duda, les cambiaría el entorno complicado en el que viven.

 Hoy en día, los balones de One World Futbol Project, como Tim nombró a su organización, formó alianza con grandes empresas que le han ayudado a llevar su causa a más de 160 países y a casi 15 millones de niñas, niños y jóvenes que ven en el deporte una distracción y una escapatoria a su situación de vida tan desfavorable.

Junto a Chevrolet, el principal patrocinador, One World Futbol Project visitó Yucatán hace unos días, donde se repartirán 11,100 balones en toda la Península. La organización continúa entregando balones por todo el mundo, y cada quien puede contribuir también, pues por cada balón que se compre, se dona otro.

Foto| Vía| One World Futbol Project