Todos los amantes al fútbol vivimos nuestro clásico. No hay quien no tenga a su equipo odiado y rival: si, a ese equipo que odiamos y detestamos, pero no podemos vivir sin él, ¿por qué luego a donde se va ese energía negativa?
Así que ésta semana estoy viviendo mi clásico regio. Que para nosotros es el único y el mas pasional, y no nos importa lo que digan los demás.
Ya desde el viernes en la noche tengo pesadillas, mariposas en el estomago, única vez que no se me atraviese un rayado porque le hecho miradas de odio, pero bien saben que terminando sea cual sea el resultado, a aguantar carrilla y amigos como siempre.
El día que hay que irse vestidos a fuerzas de amarillo o de azul, nuestros colores. El día que hay que llegar mas temprano porque ni estacionamiento encuentras y porque están los de la “adicción” comprando boletos a los alrededores del estadio y es mejor evadir. El día que mas seguridad hay en un evento deportivo, y el día que más unidos estamos todos en el estadio. Es el día más esperado del torneo para todos nosotros.
Pero para mí, hay mucha diferencia vivir un clásico en televisión que vivirlo en el estadio. Vivirlo en el estadio es lo más pasional que se puede vivir en el deporte.
No hay definiciones para lo que significa un clásico de fútbol, pero nuestro clásico es de mucha tradición, 87 clásicos llevan mucha historia en nuestro fútbol. Esta ciudad ha presenciado muchas pasiones en sus dos estadios.
Así que éste sábado sea el resultado que sea, yo viviré en el Estadio Universitario un episodio más de la historia de los clásicos regios.
¡Vamos Tigres!
