Siempre vemos la misma historia: Un fin de semana donde las mujeres se sienten viudas porque su novio, esposo, padre o pareja las abandona por éste deporte. ¿Pero que pasa cuando la historia es al revés? Cuando la mujer es la que ama el fútbol y es la que abandona a su hombre, hijos, amistades y familias por un fin de semana futbolero.
Se puede decir que son casos raros, pero ya no lo son tan raros, cada vez somos más las mujeres que nos importa un bledo y dejamos 3 horas a nuestros seres queridos para ir a ver un partido al estadio, o para prender la televisión y que nadie nos moleste porque juega nuestro equipo de mil amores, o ya de plano estar pendiente en la radio o internet de nuestro equipo.
Yo lo veo perfecto, me encanta ver cada 15 días a las mujeres en el estadio solas con sus hijos o solas entre amigas, hermanas, madre e hijas apoyando a su equipo; ya no es la típica mujer que acompaña a su novio, esposo o familiar. O mejor aun, a la mujer que la acompaña su pareja para unirse al enemigo y convivir con ella ya sea para sufrir o gozar ese partido en vivo.
Ahora vemos mujeres que se transforman a la hora que el árbitro silba y da inicio el partido. La que grita el gol, la que sufre, llora, se enoja, se pelea con el árbitro, con los jugadores y con los aficionados reventadores que nunca faltan en los partidos.
Ya no me siento un bicho raro en el estadio, ni me ven como bicho raro, me respetan por mis conocimientos y si no voy me ponen falta y me reclaman. Y mejor aún, tenemos quien nos acompaña esos sábados futboleros para unirse al enemigo y disfrutar esas 2 horas de infinita adrenalina en el estadio.
A esos hombres que ahora hacen lo que nosotras hicimos durante mucho tiempo: Gracias. ¡Nos hacen muy feliz! No les gusta “mucho” el fútbol, pero ahí están en esos momentos tan importantes para nosotras.
Para tí G, a ver cuanto nos aguantas en el volcán.

Foto | Susanna Martín del Campo
