Tiene todo el repertorio que se le presupone a un crack. En su país, Brasil, puede andar tranquilamente por la calle sin que nadie repare en ella ni se le ocurra pedirle un autógrafo, pese a que el mismísimo Pelé le ha reconocido como su versión femenina y ha suscrito los sobrenombres que le ha colocado la prensa por su magia con el balón: ‘la prima de Pelé’ o bien ‘Pelé con faldas’. Según ‘Pelé’, la principal diferencia entre ambos es que “ella tiene las piernas más bonitas”.
Marta Vieira Da Silva, cuyo nombre de guerra futbolístico es simplemente Marta, es a los 21 años de edad la indiscutible mejor futbolista del mundo. Menuda (1,62 m.) y liviana (56 kg.), su talento es unánimemente reconocido por compañeras y rivales, y su palmarés comienza ya a tener un considerable peso específico.
Al igual que sucede con los astros brasileños masculinos, Marta surgió de una combinación infalible: una familia pobre, de un lado, y la pasión por imitar a los cracks –en su caso Rivaldo y Ronaldinho, cuyos movimientos en el campo ensayaba compulsivamente– por otro.
Nacida en Dois Riachos, un pueblo de 12 mil habitantes situado en el estado costero de Alagoas, su habilidad pronto traspasó los partidos callejeros para instalarse en los campos de fútbol: primero en el Club Santo Cruz y más tarde en el Belo Horizonte, donde llamó la atención de un cazatalentos escandinavo. En 2004, con sólo 18 años, se marchó a Europa fichada por el Umea, uno de los referentes de la Liga sueca. En las filas del Umea, donde se adaptó a la perfección, aprendió el idioma y se convirtió en una celebridad local, se consagró como la número uno del mundo: ha sido la máxima artillera de la Damallsvenskan (máxima división de la Liga femenina sueca) en las tres temporadas que lleva disputadas, con registros superiores a los 20 goles, acumulando dos títulos ligueros –el tercero, así como un nuevo ‘Pichichi’, están al caer–, una Copa sueca en la final contra el AIK y dos Copas de la UEFA (el equivalente femenino de la Champions League) con sus goles impresionantes. FIFA World Player del 2006, si fuese un hombre no tendría precio, pero el fútbol femenino vive en parámetros muy distintos: ella y su familia no pasan estrecheces gracias a su sueldo y a algún ocasional contrato publicitario pero tampoco pueden permitirse ningún tipo de lujo.
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