Un amigo escribió esto para mí. No con la intención que yo lo publicara, lo escribió sólo para MI, pero al leerlo me di cuenta como nos ven “desde fuera” los verdaderos amantes del fútbol. Decidí publicarlo, con su permiso, ya que me dio tanta nostalgia y enseñarle a mis amigos regios como nos ven desde fuera. El es aficionado al León, esperando sin perder la fe de volver a ver a su equipo de amores en la Liga “grande” de México.
Gracias a TI, por tomarte tu valioso tiempo y dedicárselo a mi equipo del alma. Tienes tanta, pero tanta razón………… Por cierto, éste año le voy al León para que suba a la grande, esperando que Tigres se quede obvio.
Monterrey, Nuevo León. Ciudad que tiene fama de industriosa y generosa con sus habitantes esforzados. Nacida en medio del desierto. Forjada con tesón y dedicación. No regala nada a los que nada le dan a cambio, y da todo a los que le entregan su sudor y trabajo. Así es y así siempre ha sido el carácter de los regios en todo, excepto en un detalle: Sus clubes de fútbol.
La tercer ciudad de México en tamaño y la segunda que mas recursos económicos vía impuestos aporta a la federación, desde hace décadas vive sumergida en una pasión las mas de las veces no reciproca con sus clubes de fútbol: “los rayados” y “los tigres”.
Pero centrémonos en el caso de los Tigres. Ascendieron por primera vez al máximo circuito en 1974. Tan solo 2 años después le dieron a la ciudad su primera gran alegría al ganar el campeonato de copa en 1976 derrotando ni mas ni menos que al rival mas odiado después de “los rayados”: El América. Tan solo tuvieron que transcurrir otros dos años más para que le dieran a la ciudad el primer titulo de liga en el año de 1978. Esta vez derrotando a otro equipo capitalino: “Los Pumas”.
Finalmente los tiempos de vacas gordas tendrían su broche de oro cuatro anos mas tarde en 1982 cuando se coronarían por segunda y ultima vez (hasta el momento) derrotando al Atlante (otro equipo capitalino) en recordada definición por penales, donde héroes como Barbadillo, Batocletti, Mateo Bravo y “el jefe” Boy, serán para siempre recordados con cariño por la afición tigre.
En menos de diez anos los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León habían logrado lo impensable, colocarse entre los mejores clubes de México, salir dos veces campeones y hacerse de una inmensa cantidad de seguidores. La diosa fortuna parecía ser aficionada “Tigre”. Nadie en ese entonces (1982) hubiera creído que 25 primaveras después no hubieran podido renovar laureles a pesar de haber tenido en ese lapso grandes jugadores, excelentes directores técnicos, el apoyo de una empresa multinacional líder global en su sector y una afición que no dejaba de crecer.
Pero he aquí que 25 años después “los tigres” se han quedado en la orilla mas de una vez y otras tantas han incluso peleado por no descender o navegado en la franca mediocridad. Lo mismo que sus rivales de patio, “los rayados”. 25 años de ausencia de títulos podrían ser más que suficientes para que muchas aficiones perdieran su interés en el equipo, lo abandonaran, lo dejaran al gárrete. 25 años en otros casos hubieran sido suficientes para que el equipo desapareciera, fuera cambiado de sede, rebautizado o descendido. Pero no en Monterrey, no los Tigres. La afición felina es una de las mas fieles del fútbol mexicano y mundial, solo comparable a la famosa afición del “Betis” español que tienen mas de 70 años sin ver campeón a su equipo y no obstante se sienten orgullosos de sus colores cantando “soy del Betis man que pierda”. Comparable a la devoción casi religiosa que los aficionados del Racing de Avellaneda sienten por su equipo de sus amores. Equipo que tardo 35 años en volver a gritar “campeón” y lo peor de todo: soportando los éxitos del odiado rival “Independiente” que durante los 70 y 80 no se cansó de celebrar títulos nacionales e internacionales.
De esa misma madera están hechos los aficionados tigres. De la madera que tiene tatuados los colores felinos, la madera que solo tienen los que no transigen con el derrotismo y el pesimismo. Los aficionados tigres son el mayor tesoro que tiene esa institución. Un tesoro que asegura que el equipo no sufrirá el destino de otros clubes con mucha tradición en México pero que en largas etapas de su existencia han sido abandonados y olvidados. Equipos como el Necaxa al que le acuchillaron la primera vez cuando le cambiaron el nombre por “Atletico Español”, nombre que todos despreciaban, al que lo acuchillaron por segunda vez cuando Televisa lo volvió el cementerio de los mas sonados fracasos del América (tanto de jugadores, como directivos y técnicos) y que termino por destruir la afición del una vez equipo mas popular de la capital. Ahora el Necaxa medra modestamente en Aguascalientes donde lucha por crear una nueva afición y una nueva tradición. Equipos como el Atlante. El alguna vez bautizado “equipo del pueblo”, aquel que fuera el primer gran rival de los odiados “riquillos” del América. El equipo del general Núñez. Ese equipo con larga y rica tradición fue mancillado, mangoneado y su afición tratada con la punta del zapato a través de cambios de sede sin fin: Querétaro, Morelos, Neza, Estadio Azulgrana, Azteca, y ahora Cancún. Que se le dejo descender siendo uno de los equipos fundadores de nuestro máximo circuito. Hoy el Atlante vive en el desasosiego de no saber cual será su futuro y si acaso sobrevivirá con ese nombre. Equipos como el Veracruz, Puebla, Zacatepec o León. De rancia prosapia, que supieron ser los animadores del torneo mexicano: Campeones, los mejores. Quitándole protagonismo a los clubes de siempre: Guadalajara, Cruz Azul, América.
Hoy algunos viven olvidados en la segunda división y sus fieles aficionados que son legión dentro y fuera de nuestras fronteras los extrañan (León). Otros han ido al infierno y regresado. Han sido manipulados y tratados como viles changarros o como plataformas políticas para politiquillos de cuarta, han estado a punto de desaparecer y se han visto sumidos en escándalos de corrupción (Puebla y Veracruz), cosa que su afición no ha perdonado, ausentándose también de las gradas en protesta. Y otros… bueno otros han sufrido la máxima ignominia, el ser borrados de la historia por un dedazo tomado en una oficina de la avenida Chapultepec (Zacatepec). Simplemente se decidió desaparecer al equipo donde nacieron y brillaron como jugadores, técnicos o directivos figuras de la talla de: Nacho Trelles, Raúl Cárdenas, don Guillermo Cañedo de la Barcena, etc. La justicia divina del fútbol castigara a los perpetuadores de ese atentado contra la historia del fútbol azteca. Pero los Tigres…
Los tigres están a salvo de todo eso, porque parecen ser un bunker construido a prueba de terremotos, incendios, huracanes, tornados, y toda catástrofe que uno quiera imaginarse. Los tigres están blindados con el mejor acero que existe. Y ese acero tiene su nombre: La afición felina, la afición regia, la mejor afición del mundo… o al menos de esta parte del mundo que conocemos como México. Salve pues la afición tigre. larga vida a ellos, lo mejor que tiene ese equipo. Su ángel de la guarda y su mejor garantía de que los tiempos de sequía tendrán que llegar a su final. Los tigres nacieron pare ser grandes, como su afición. Cuando los directivos, cuerpo Técnico y jugadores entiendan eso… El cielo será el límite. ¡Viva la afición Tigre!
Gracias….
