Debà haber empezado a escribir en este espacio desde que inició, y ya fuera por falta de inspiración o de tiempo, lo fui aplazando, pero diferentes sucesos recientes no sólo me impulsaron a escribir, sino que lo volvieron una necesidad que me reclama desde lo más profundo de mi ser. Asà que bien vale la pena que explique como es que, no estoy metida en el fútbol, sino que lo tengo metido hasta la médula.
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Mi padre es un gran aficionado al fútbol e imagÃnense si no voy a tener la vena futbolera, si mi madre fue embarazada de mà a una final de la que resultó campeón mi equipo por primera vez.
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Asà que desde muy niña vivà de cerca la pasión por el fútbol que siente mi papá y que tuvo a bien transmitirnos a mà y a mis hermanos, aunque obviamente antes no entendÃa nada de nada, pero verlo afónico de tanto gritar y con las manos enrojecidas de aplaudir, fue algo que siempre me llamó la atención y me movió a sentir algo muy especial por este deporte.
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Tan es asÃ, que puedo contar que aproximadamente el 80% de los amigos que tengo, me los ha dado el fútbol. Personas con formas de ser, cualidades y profesiones tan distintas, que si se los describiera, no lo creerÃan, pero todos unidos por UN GRAN AMOR HACIA EL FÚTBOL. He vivido con ellos y a través de todos ellos una gran cantidad de anécdotas que han marcado mi vida y que no las cambiarÃa por nada.
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Tal vez no me han tocado grandes logros, ni campeonatos, pero el fútbol me ha dado tanto en muchos otros aspectos, que es por él mismo y por amor a él que me van a tener dándoles lata muy seguido por acá.
